DEFENDER LOS DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS SALVA VIDAS Y DERRIBA ESTIGMAS
Cada 28 de septiembre, el Día Internacional de los Derechos Sexuales y Reproductivos nos recuerda una verdad esencial: el derecho de cada persona a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y su maternidad.
Sin embargo, este derecho fundamental, básico y justo, sigue siendo objeto de debate y enfrenta retrocesos y amenazas en muchas partes del mundo, pese a que garantizar la autonomía sexual y reproductiva es clave para la igualdad de género, la salud y el desarrollo sostenible.
Un contexto de retrocesos preocupantes
En los últimos años, la salud y los derechos sexuales y reproductivos (SDSR) han sufrido graves recortes y limitaciones a nivel global. Políticas restrictivas, como las impulsadas desde Estados Unidos con la “Ley Mordaza Global” y la retirada de fondos al UNFPA, han generado un efecto dominó devastador: más embarazos no deseados, más abortos inseguros y más muertes maternas evitables, lo que frena los avances hacia la igualdad de género y pone en peligro la Agenda 2030 para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas.
Las cifras son alarmantes: se estima que solo en un año la suspensión de los distintos programas mundiales en materia de salud y derechos sexuales y reproductivos (SDSR), dejen en torno a 17 millones de embarazos no deseados y más de 34.000 muertes maternas prevenibles. Y el impacto es aún más duro en contextos humanitarios, donde ya se concentran más del 60% de las muertes relacionadas con la maternidad.
En realidad, el retroceso en los derechos reproductivos no se trata únicamente de cuestiones económicas o de salud; sino que subyace un intento de control patriarcal sobre los cuerpos de mujeres y personas de género diverso, reforzado por discursos conservadores y, a veces, por tradiciones culturales o religiosas. Estas prácticas erosionan derechos fundamentales, perpetúan roles de género rígidos e imponen formas de coerción reproductiva, que deben reconocerse como violencia de género, profundizando la desigualdad y afectando la autonomía y la dignidad de las personas.
El genocidio en Gaza : vulneración de los Derechos Sexuales y Reproductivos
Un informe publicado por la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado no solo documenta hechos de violencia extrema, sino que también evidencia la profunda vulneración de los derechos sexuales y reproductivos de la población palestina. Las medidas genocidas destinadas a impedir nacimientos dentro de la población reflejan un ataque directo a la autonomía reproductiva y una forma de coerción reproductiva, reconocida internacionalmente como una grave violación de los derechos sexuales y reproductivos, especialmente cuando se implementa de manera sistemática en contextos de conflicto armado.
El informe también documenta violencia sexual y de género, incluyendo violaciones, tortura sexualizada y otras agresiones sexuales utilizadas no solo contra individuos, sino como parte de un patrón de castigo colectivo. La violencia sexual en conflictos no solo tiene efectos físicos inmediatos, sino que genera consecuencias a largo plazo sobre la salud mental, la autonomía sexual, la capacidad reproductiva y la vida social de quienes la sufren y suponen una violación directa de los derechos, a la integridad física, a la salud sexual y reproductiva y a la dignidad de las personas.
Autocuidado: una estrategia que fortalece el sistema de salud
El acceso a la salud sexual y reproductiva sigue siendo un desafío en muchas partes del mundo, especialmente en contextos de crisis, zonas rurales o comunidades con servicios sanitarios limitados. Frente a estas barreras, la comunidad internacional y la OMS destacan una estrategia innovadora: el autocuidado en salud, que empodera a las personas para cuidar su salud de manera autónoma.
El autocuidado no sustituye al sistema sanitario, sino que proporciona herramientas seguras, eficaces y de calidad, que permiten a cada persona gestionar su salud con o sin la mediación directa de un profesional sanitario. Algunos ejemplos incluyen pruebas de embarazo y ovulación, auto-test de VIH e ITS, anticoncepción inyectable autoadministrada … Estas intervenciones acercan los servicios a comunidades con difícil acceso, resultando especialmente valiosas en crisis o emergencias, aprovechando plataformas digitales y tecnologías innovadoras, y reforzando la autonomía de cada persona con respecto a su salud.
El autocuidado en salud sexual y reproductiva es clave para avanzar hacia la cobertura sanitaria universal, ya que reduce desigualdades y contribuye a construir sociedades más justas, equitativas y saludables. Además, mejora la salud individual, fortalece la resiliencia comunitaria y promueve la igualdad de género, al mismo tiempo que reafirma a cada persona como protagonista de su propia salud.
El trabajo de Medicus Mundi: derechos humanos y equidad
En Medicus Mundi, se trabaja para garantizar que todas las personas, especialmente las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, tengan acceso a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad. Esto incluye planificación familiar, atención prenatal y postnatal, prevención y tratamiento de infecciones de transmisión sexual, así como atención a sobrevivientes de violencia sexual y de género. Su labor se centra en garantizar el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva de calidad, empoderar a las personas y defender sus derechos.
Un rasgo distintivo del trabajo de Medicus Mundi es su enfoque basado en los derechos humanos, que defiende el derecho de todas las personas a tomar decisiones libres e informadas sobre su salud sexual y reproductiva, sin discriminación ni barreras.
Este enfoque fortalece y trata de garantizar la autonomía reproductiva y la justicia reproductiva esenciales para la igualdad de género, la salud sexual, el desarrollo sostenible y contribuye a construir sociedades más saludables, justas, democráticas e inclusivas, donde cada persona pueda decidir libremente sobre su cuerpo, su salud, su futuro y su proyecto de vida.
Justicia reproductiva para todas las personas
El 28 de septiembre es una oportunidad para reivindicar que la justicia reproductiva va más allá de garantizar servicios: implica derribar estructuras de desigualdad y discriminación. Las barreras a la autonomía reproductiva no afectan a todas por igual; mujeres pobres, mujeres con discapacidad, mujeres racializadas y personas LGBTQ+ enfrentan mayores obstáculos para acceder a información, servicios y productos de salud.
Lo que está en juego es enorme: los recortes en derechos sexuales y reproductivos no solo ponen en riesgo la vida de mujeres y personas de género diverso, sino que también afectan la igualdad de género, la justicia social y el desarrollo sostenible. Sin garantizar la autonomía reproductiva, los compromisos de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible no podrán cumplirse.
Sin garantizar la autonomía reproductiva, los compromisos de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible no podrán cumplirse y se perpetuarán desigualdades estructurales que limitan oportunidades y bienestar.
Su defensa es una inversión en igualdad de género y desarrollo sostenible, a la vez que una obligación ética, política y social que compromete por igual a gobiernos, profesionales y ciudadanía activa, porque nos concierne a todas y todos.
